Visitar los escenarios del Putsch de Munich, el intento de golpe de estado de Hitler

Visitar los escenarios del Putsch de Munich, el intento de golpe de estado de Hitler

El Putsch de Munich o más popularmente conocido como el Putsch de las Cervecerías, es un golpe de estado liderado por Hitler en 1923 en la ciudad de Munich. Su propósito era el de finalizar con la República de Weimar y marchar sobre Berlín, emulando la reciente marcha sobre Roma llevada a cabo por Mussolini, para conseguir hacerse con el poder.

Precedentes

Al finalizar la I Guerra Mundial, Alemania se había visto obligada a aceptar las duras condiciones del Tratado de Versalles, estipulado por los países europeos vencedores. La República de Weimar no estaba consiguiendo recuperar la economía y actividad del país, por lo que se encontraba sumido en un receso y depresión acusada. La oposición era latente, especialmente en Baviera. Desde principios de los años 20 se formó el Partido Obrero Nacional Socialista de Alemania. Sus reuniones empezaron a proliferar, reuniéndose en cervecerías y prodigando su ideología de recuperación del país. Desde 1921 Hitler se hace líder del partido. En 1923 anuncia sus intenciones de reunirse con dirigentes de la derecha, por lo que se declara el estado de emergencia.

El Golpe

El momento álgido tuvo lugar el 8 de Noviembre de 1923, cuando Hitler decidió tomar la cervecería donde el gobernador de Baviera, Gustav von Kahr, estaba pronunciando un discurso. Rodeó el lugar y obligó al gobernador, junto a Hans von Seisser, jefe de policía, y Otto von Lossow, jefe del ejercito, a aceptar sus condiciones bajo amenaza.

No obstante, el asalto resultó fallido. Los golpistas cometieron demasiados errores. Los miembros de las SS y lo que apoyaban el golpe no tomaron todas las oficinas estatales y centros de comunicaciones. Esto sumado a que el general Erich Ludendorff dejó libres a los tres hombres cruciales, creyendo a sus promesas que apoyarían la rebelión, fue lo que produjo el desastre. El gobernador y sus hombres se organizaron rápidamente para poner fin a la situación; aprovechando que estos no se habían hecho con las comunicaciones, pudieron transmitir la situación y pedir a los militares y fuerzas de seguridad que se opusieran al mismo. La indecisión de los golpistas en las horas cruciales, no sabiendo si marchar sobre Berlín o no, también contribuyeron a fracasar el golpe.

En su último intento de hacer funcionar el ataque, Hitler se decidió a marchar hacia la Feldherrnhalle. A lo largo de la marcha, también algo confusa, la población enfervorecida se unía al dirigente del partido, exhortados por su personalidad y sus deseos de revitalización del país. Finalmente llegaron a la Odeonsplatz donde se enfrentaron con la policía, donde fallecieron catorce nazis y cuatro oficiales. Aunque Hitler huyó y se escondió, finalmente fue apresado dos días más tarde y condenado por alta traición y llevado a la cárcel.

Consecuencias y Legado

Se trató de apresar a los golpistas y se prohibió el partido. Sin embargo, Hitler, supo que podía seguir su estrategia, pero desde otra perspectiva, utilizando el sistema democrático a su favor. Tras pasar solamente ocho meses en la cárcel, de los cinco años a los que había sido condenado, se reorganizó y constituyó de nuevo el partido. Durante su confinamiento en la cárcel escribirá sus famosas memorias Mein Kampf, donde exponía la ideología del nacionalsocialismo. Los sucesos llevaron a un cambio de táctica del futuro Führer para hacerse con el poder.

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Los puntos cruciales del golpe fueron dos. La cervecería donde Hitler confinó al gobernante bávaro y sus hombres de confianza, la Bürgerbräu Keller, y donde se desarrolló el tiroteo, en Feldherrnalle. La cervecería ya no existe hoy en día, permaneciendo en su lugar el centro cultural Gasteig. No obstante, en la memoria de los anales quedará el momento en que el dirigente se subió a una silla y exclamó: “La revolución nacional ha estallado”.

El Feldherrnalle es una logia construida a finales del XIX, que copiaba una loggia fiorentina, en honor del ejercito bávaro. Aquí posteriormente Hitler creó un lugar en memoria a los caídos del Putsch, que se encontraba constantemente custodiado por miembros de las SS, siendo necesario realizar el saludo, como símbolo de respeto, al pasar delante del mismo. Para aquellos que querían escapar de esta obligación, se escaqueaban por el callejón Viscardigasse. Hoy en día en el callejón se pueden ver baldosas doradas en recuerdo a aquellos que decidían escoger otro camino.

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