Templarios en Portugal: ‘militia Dei’. Excursiones desde Lisboa a lugares templarios

Templarios en Portugal: ‘militia Dei’. Excursiones desde Lisboa a lugares templarios

Los lugares templarios en Portugal

La ruta templaria en Portugal podría empezar por el Castillo de Tomar, a unos unos 140 km. al nordeste de Lisboa. Es considerado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, data de 1160 y fue construido por Gualdim Pai. Formaba parte de la línea de defensa del Tajo, sobre una colina junto al río Nabâo. Con torres redondeadas para facilitar su defensa presenta una entrada flanqueada de dos torres, que da acceso a una explanada desde la que se llega por una escalinata al Convento de Cristo, mezcla de varias técnicas arquitectónicas, cuartel general de los caballeros templarios, con su capilla circular (de iguales proporciones y forma al Santo Sepulcro) tras la torre del homenaje. Destaca también la Iglesia de Santa María del Olivo.

Otro punto clave del Portugal templario es Constancia, ciudad-puerto fluvial de entrada y salida de mercancías al territorio templario portugués hacia la costa. A unos 131 kms. al nordeste de Lisboa.

Buscar también la Torre de Dornes,  de forma pentagonal, a orillas del río Zêzere, era una torre de defensa y vigilancia. A unos 162 kms. al nordeste de Lisboa.
Visitar el Castillo de Almourol del año 1171, construido por Gualdim Pais sobre un fuerte romano, situado sobre un peñasco en medio del curso del Tajo, con sus diez torres formando parte de esta línea de defensa hacia Coimbra, capital del reino portugués. Situado a unos kms. al nordeste de Lisboa. A unos 134 kms. al nordeste de Lisboa.

Rutas guiadas y visitas a lugares templarios desde Lisboa

La Historia de los Templarios, quiénes fueron

Algo usual entre los seguidores del Islam durante la época medieval era su retirada a los ribat (rábita o rábida en nuestra lengua), centros de oración preparación militar para la guerra santa, para esperar la llegada del esperado mahdi, que los conduciría en la guerra santa. Su equiparación entre los cristianos fueron las órdenes militares, muy posteriores a los ribats. Estas órdenes tuvieron su origen en las cruzadas, en Tierra Santa, extendiéndose por todo el territorio europeo, en especial, donde existían territorios que cristianizar. En Tierra Santa compartieron su quehacer las órdenes de los Pobres Caballeros de Cristo (Templarios) y del Templo de Salomón, de los Caballeros del Hospital (San Juan de Jerusalén) y de los Caballeros del Santo Sepulcro. Otras órdenes fueron la orden de los Caballeros Teutones en los territorios europeos del norte o las órdenes de Calatrava, Santiago, Montesa, Alcántara o Avis, como protagonistas en la conquista de al-Andalus.

El papa Urbano II promulgó la Santa Cruzada tras el Concilio celebrado en Clermont (1095). Los guerreros del Islam habían tomado Jerusalén y los ejércitos de la cristiandad habían de recuperar Tierra Santa. Grandes príncipes de la cristiandad, (Bohemundo I de Tarento, Balduino de Boulogne, Raimundo IV de Tolosa,…), tomaron la Santa Cruz. Fue la Primera Cruzada (de los Príncipes), aunque un primer grupo cruzado formado por el pueblo (Cruzada Popular) fue aniquilado junto a Nicea por los turcos selyúcidas. Los príncipes se dirigieron hacia Jerusalén tomándola el 15 de julio de 1099 en nombre de Alejo I de Bizancio. Los habitantes de Jerusalén fueron masacrados, sin tener en cuenta su religión (musulmanes, judíos o cristianos del este). Se crearon los estados latinos de oriente (Principado de Antioquía, Condado de Edesa, Condado de Trípoli y Reino de Jerusalén).

El Nacimiento de la Orden Templaria

Los musulmanes, desde Tiro y Ascalón, amenazaban las rutas de peregrinación hacia Jerusalén y los Santos Lugares. Algunos de los caballeros que permanecieron en Jerusalén tras su conquista se dedicaron a proteger a los peregrinos, junto con sus mesnadas vasallas, constituyendo así el origen de la futura Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón. En torno a 1118-1120 caballeros como Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer (según Guillermo de Tiro) decidieron tomar los votos de pobreza, castidad y obediencia ante el Patriarca de Jerusalén, Warmundo de Picquigny. Balduino II de Jerusalén les cedió la mezquita de al-Aqsa, junto con unos privilegios y beneficios.

Ante la precaria situación inicial de la orden por su humildad y sus pobres vestimentas (el sello templario consta de dos jinetes sobre un sólo caballo), Hugo de Payens y otros caballeros fueron enviados al Concilio de Troyes, ya en 1128-1129, para presentar la orden y procurar financiación y nuevos hermanos. Allí fueron aprobadas sus primeras reglas, según la regla de San Agustín, favorecidos por el monje benedictino Bernardo de Claraval.

La regla trató temas como el acceso, los miembros, la comida, la vestimenta, las faltas,… Los primeros hermanos cedieron su patrimonio a la orden. Los hermanos templarios viajaron por tierras europeas presentando la Orden y adquiriendo nuevas donaciones y nuevos hermanos, hasta volver ya en 1130 a Tierra Santa. Aunque era extraño para la sociedad la existencia de monjes que además de orar estaban prestos a la lucha armada.

Consolidación y expansión de la Orden del Temple

Las donaciones aumentaron, así como el número de hermanos y las propiedades en occidente. Determinados hermanos hubieron de permanecer en los múltiples castillos, encomiendas, casas y otras propiedades para gestionar su patrimonio y poder enviar las vituallas y hermanos necesarios para mantener su labor en Tierra Santa. El empuje final al crecimiento de la orden tuvo lugar tras el escrito De laude novae militiae, de Bernardo de Claraval, junto con las bulas papales Omne datum optimum (Inocencio II-1139), Milites Templi (Celestino II-1144) y Militia Dei (Eugenio III-1145), a partir de los cuales la existencia de monjes guerreros no fue vista como extraña por la sociedad y se les concedían privilegios fiscales y sociales que les permitían gestionar su propio patrimonio (iglesias, casas, fortalezas), sus propios cementerios, sacerdotes y capellanes, recaudar tributos, responder sólo ante el Papa y no ante los soberanos,…

Las casas, preceptorios y fortalezas se extendieron por toda Europa (Inglaterra, Francia, Aragón, Portugal,…). Al frente de cada una se encontraba un comendador con rango de caballero o de sargento. El elevado número de inmuebles (molinos, aldeas, casas, fortalezas,…), sirvientes y reliquias permitió a la orden poseer una economía saneada que le hizo actuar incluso como banca de algunas de las coronas europeas.

Cómo se accedía a la Orden y tipos de miembros

El requisito para acceder a la orden como hermano y caballero era ser miembro de la orden de caballería, necesario para formar parte de las huestes templarias, que acompañaban al Maestre y al balzaus (estandarte blanco y negro de la orden) en la lucha sin volver en ningún caso la espalda al enemigo hasta el momento de la muerte. Se aceptaba la entrada de caballeros que adoptaban la orden monástica y otros como hermanos caballeros por tiempo determinado. Los sargentos podían ser también de origen sirio o armenio y entrar por tiempo determinado en la orden.

Los escuderos auxiliaban a los caballeros y los sirvientes se ocupaban de los servicios comunes (cocinas, carpintería, herrería,…) de las casas y propiedades de la orden. Los niños no eran aceptados hasta la edad de combatir y con las mujeres estaba prohibida todo tipo de relación, incluso familiar. Sus sacerdotes, clérigos y capellanes confesaban a los hermanos, salvo para faltas serias. En cada zona o país se nombró un maestre y por debajo de él existían baillíes, prebostes, preceptores y comendadores. La orden era coordinada por el capítulo, constituido por el Gran Maestre, el senescal, el mariscal, los comandantes del reino de Jerusalén, de Trípoli y de Antioquía, el pañero y, si eran requeridos, los maestres provinciales.

Los miembros de la Orden seguían las horas de oración como cualquier monje, salvo si se encontraban en campaña militar (rezaban determinado número de pradrenuestros). Su conducta estaba regida por las reglas, donde existía una gradación de faltas que podían conllevar hasta la pérdida del hábito. Entre las normas reguladas se encontraban, entre otras, la obligación de estar en silencio, de no salir tras el cierre de puertas, de no anhelar lo del hermano, de no poseer arneses lujosos para el caballo o poseer vestimenta sobria y adecuada al tamaño del hermano. Las penas podían ser desde leves hasta llegar a perder el hábito (por mentir sobre ser caballero en el ingreso, p.ej.).

El final de la Orden

Tal cantidad de poder y dinero acaparó la orden templaria que llegaron a financiar hechos como el rescate del rey Luix IX de Francia, San Luis, tras la Cruzada de Egipto. Tesoreros templarios ocuparon puestos destacados en la corte francesa y posiciones económicas considerables. La pérdida de las posesiones de ultramar y el fallo del rey francés Felipe IV, el hermoso, al intentar unificar las órdenes militares de Tierra Santa (proyecto de Ramón Llull) ante la negativa de la Orden del Temple, tuvo como consecuencia que los miembros de la orden fueron tachados de herejes.

Por las bulas Vox in excelso y Ad providam del Papa Clemente V se disolvió la orden y fue quemado en la hoguera Jacques de Molay, el último Gran Maestre del Temple. Su patrimonio fue desviado hacia otras órdenes militares como la Orden Hospitalaria, futura Orden de los Caballeros de Rodas y de Malta.

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