Escenarios de la vida de Ana Frank en Amsterdam

by Vanessa Del Prete | 22 febrero, 2018 7:16 pm

Annelies Marie Frank es mundialmente conocida por su diario. La vida de esta muchacha alemana de ascendencia judía es el ejemplo de lo que la mayoría de los judíos vivieron durante los años de la Segunda Guerra Mundial. A lo largo de los dos años que pasó escondida escribió su diario personal, donde cuenta su vida, sus pensamientos, sus dudas e inquietudes.

Vida de Anna

Anna era la hija menor de una pareja de judíos alemanes, Otto Heinrich Frank y Edith Hollander, nacida en 1929 en Francfort, Alemania. Ante la situación política que se vivía en el país germano durante esa época, y el gran peligro que corrían muchos de ellos; decidieron huir y trasladarse a otro lugar.

Se mudaron a la ciudad de Ámsterdam. Allí inician una nueva vida donde su padre decidió crear una empresa, mientras sus dos hijas crecen y van a la escuela. No obstante, la situación estaba siendo bastante difícil en toda Europa, y la familia pensó de nuevo en mudarse a Inglaterra o Estados Unidos, aunque no pudieron hacer efectivo ese deseo.

A mediados de 1940 Alemania invade también los Países Bajos, obligando a la rendición del estado pocos días después de su ocupación. Enseguida se instalaron las medidas para el control de los judíos, con sus distintivos, y la confiscación de bienes. La empresa que había montado su padre fue cerrada, y la familia probó nuevamente en emigrar a América, aunque sin éxito. Ante este fracaso la familia decidió esconderse en una casa que se encontraba en la parte trasera del edificio de la empresa familiar.

Clandestinidad

Con la ayuda de diversos de sus empleados, algunos también judíos, realizarán unas estancias secretas en el interior de esta casa. El edificio se hallaba cerca de su empresa, justo detrás. Esta vivienda se encontraba en el Prisengracht, en la parte occidental de la capital, y la puerta de acceso a las estancias estaba escondida detrás de una estantería.

En estas habitaciones convivieron ocho personas. En un principio solamente la familia de Anna, sus padres, su hermana y ella; pero posteriormente se unieron otros compañeros judíos, un dentista y la familia Van Pels. Aquí permanecieron durante casi dos años, desde julio del 1942 hasta finales del verano de 1944.

Durante su clandestinidad debían procurar hacer cuanto menor ruido posible, y permanecer ocultos de la manera más efectiva. Recibieron apoyo y ayuda de algunos de los empleados de la fábrica, que les facilitaban alimentos, y también otros objetos como ropa y libros; asimismo de proporcionarles información del exterior.

El final de la clandestinidad y de la vida de Anna

En 1944 fueron descubiertos y arrestados. Aún se discute como pudo ocurrir, si fue fruto de la casualidad o hubo alguien que los delató. Sea como fuere, los encontraron, y un mes más tarde los trasladaron a campos de concentración. En un principio fueron todos llevados al campo de Auschwitz. Poco después Anna y su hermana pasaron al campo de Bergen-Belsen, donde finalmente fallecieron presas de las enfermedades y las malas condiciones de vida, poco antes de la liberación del campo. De la familia solamente sobrevivió su padre Otto, quien volvió a la casa de Ámsterdam. Buscó a sus dos hijas, aunque finalmente recibió la noticia de su fallecimiento.

Diario de Ana Frank

Poco antes de que se escondieran, el padre de Anna le regaló un pequeño cuaderno, que ella enseguida convirtió en su diario. Solamente fue un mes antes de que empezara su vida clandestina.

La muchacha empezó así a escribir su vida, sus ideas, sus pensamientos, en este pequeño diario. Durante los dos años en los cuales estaba escondida Anna escribía casi a diario sobre la vida que llevaban, tanto su familia como el resto de judíos que los acompañaban. Le escribía a su diario como si de una amiga se tratase, compartiendo todos sus pensamientos y penurias. Iba relatando las relaciones entre ellos, los momentos de tensión, y como iban cambiando sus actitudes y ánimos.

Al principio Anna se alegró mucho de tener más compañía, pero pronto surgieron algunas rencillas y tensiones, ocasionadas seguramente por el entorno tan poco propicio. También expone la gran ayuda que recibieron de los diversos empleados que les llevaban comida y ropa, y que les comentaban la situación exterior. Estas personas los animaban y apoyaban a pesar del gran peligro que corrían por ello.

La joven aspiraba en convertirse en escritora y periodista. En el verano del 1944, escuchó en una transmisión por radio, que un miembro del gobierno neerlandés exiliado quería recolectar todos los documentos, diarios, cartas escritas por judíos al terminar la guerra. De esta manera pretendía exponer al mundo las experiencias vividas; y Anna pensó en contribuir con su diario.

Desde ese momento empezó a reescribir algunas partes y mejorar su escritura. Uso diversos seudónimos para su familia, y personajes cercanos, y evitó hablar de cuestiones muy íntimas. Todo ello porque aspiraba a que su diario se publicara como libro.

Cuando su padre regresó a la casa de Ámsterdam y se encontró con el diario de su hija, decidió publicarlo. Divulgó las dos versiones, la original y la reescrita, aunque omitiendo algunos pocos detalles muy privados de la joven.

Museo de la Casa de Ana Frank en Amsterdam

Algunos años más tarde diversos ciudadanos, entre los cuales se encontraba su padre, instituyeron la fundación dedicada a Anna. Pretendían mantener y salvar el edificio donde se habían refugiado durante la guerra, además de promulgar valores de integración y respeto. Consiguieron preservar el edificio y convertirlo en un museo, que actualmente recibe millones de visitas durante todo el año.

El conjunto se inauguró en 1960, compuesto por la casa, las oficinas, y el almacén. No contiene prácticamente muebles para que su acceso sea más sencillo.

Pero sí que se han conservado objetos personales de sus habitantes, como las fotografías que colgaban, o las marcas en la pared que referenciaban la altura de las hijas de Frank. También forman parte del museo algunas de las construcciones vecinas. En esas salas se exhibe el diario y se realizan diversas exposiciones con relación al Holocausto.

La visita permite adentrarte en el mundo de Anna y de sus compañeros cautivos, y entender mejor los momentos de clandestinidad que vivieron.

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